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Cuando una persona sufre una embolia, éstas tÃpicamente son causadas por
los llamados infartos cerebrales; un coágulo tapa a una arteria, que no permite
que la sangre siga fluyendo al resto del cerebro. Quirúrgicamente es posible remover
el coágulo, pero el devastador impacto de esta condición es proporcional al
tiempo en que se deje sin sangre –y consecuentemente sin oxÃgeno- al resto del
cerebro. Muchas células –neuronas- mueren por la falta de éste, ocasionando un
daño irreparable.
¿Qué tiene esto que ver con finanzas? La analogÃa es perfecta. Lo que
estamos viendo es el efecto de un sistema financiero “tapado†por una serie de
instrumentos financieros tóxicos que no han dejado que fluya dinero al resto
del sistema. Mientras más tiempo pase sin que éste fluya, más permanente será
el daño.
Estamos en medio de un peligroso cÃrculo vicioso. Conforme los bancos se
perdieron la confianza entre sÃ, se dejaron de prestar. Al hacerlo, aquellos
bancos con liquidez prefirieron guardarla por si posteriormente la necesitaban.
Muchas empresas e individuos con acceso a lÃneas de crédito[1],
conforme ven que la liquidez escasea, ejercen la lÃnea y proceden a dejar los
recursos depositados en la chequera. Simultáneamente, los depositantes en el
banco deciden que es peligroso tener certificados de depósito bancario, por lo
cual deciden retirar el dinero del banco para mejor comprar un bono emitido por
el Tesoro de Estados Unidos.
Nadie compra Papel Comercial[2],
y todo aquel que requiere de recursos inmediatos es estrangulado. El mercado de
papel comercial se ha reducido en más de 600 mil millones de dólares y hasta el
gobernador del Estado de California salió a decir que si no tenÃa acceso a
crédito de corto plazo, no tendrÃa con qué pagar la nómina de bomberos y
policÃas.
Imagine por un momento a una empresa comercial que tiene que utilizar
financiamiento de corto plazo para comprar el inventario de productos que va a
vender en la época navideña. Sin éste no hay qué vender, si no puede vender en
los meses más importantes del año, quizá decida cerrar la tienda (o algunos
locales, si no tiene inventario suficiente para éstos). Si cierra, despedirá
empleados y dejará locales comerciales desocupados. La desocupación entre
éstos, por cierto, ascendÃa ya a 8.4% el mes pasado; el nivel más alto en
catorce años.
La decisión de los inversionistas de salirse de sus inversiones e irse a
“cash†tiene un impacto devastador en los mercados. En el mes de septiembre,
salieron 72 mil millones de dólares de fondos de inversión que invierten en
bonos y acciones; en la primera semana de octubre salieron otros 49 mil
millones. Cuando un inversionista decide redimir su inversión en el fondo,
fuerza a que quienes manejan éste salgan a vender lo que puedan al precio que
puedan. La salida masiva de estas posiciones provoca una baja proporcional en
los precios. El Ãndice Dow Jones está hoy –consecuentemente- más de cuarenta
por ciento por debajo del récord histórico alcanzado el nueve de octubre de
2007.
En el caso de inversiones en “hedge funds†la redención es aún más
dañina. Este tipo de entidad opera con apalancamiento; debido al cual, cada
dólar redimido por un inversionista provoca ventas cuatro, cinco, o más veces
superiores.
Estamos viendo ventas de pánico que tienen en sà mismas un impacto sobre
la calidad de activos de los bancos. Conforme los precios de bonos y acciones
siguen cayendo, el rescate bancario se vuelve más caro pues posiciones que hace
una semana no merecÃan calificativo de “tóxicasâ€, hoy lo son.
Por ello, las siguientes medidas de emergencia de que se puede echar
mano si la caÃda libre continúa son dos. Primero, se puede suspender la regla
de “mark to market†temporalmente. Esta regla fuerza a que las instituciones
reflejen el valor de sus inversiones al precio que el mercado les dé a éstas.
Pero con los precios desplomándose, el capital de los bancos también se
contrae. Alternativamente, se puede permitir que reflejen el precio de los
bonos, por ejemplo, en función del flujo esperado de cupones. Segundo, pueden
salir a avalar en forma ilimitada el riesgo de contraparte. Es decir, si los
bancos no se prestan entre sà por miedo a que uno u otro no tengan la solidez
para respaldar sus obligaciones, el gobierno puede temporalmente funcionar como
aval de ambos.
Este es el principio de un doloroso proceso de contracción del
apalancamiento tanto de individuos como de entidades financieras. Éste se da en
forma arrebatada y arrastra todo a su paso. Para romper el ciclo, la Reserva
Federal ha pasado de ser el comprador de última instancia a volverse la
primera. Han salido a comprar papel comercial, han estado dispuestos a
prestarle a bancos sin pedir garantÃas especÃficas, e inyectan liquidez en
cuanta forma sea posible.
Eventualmente, lograrán incluso remover el coágulo al ejercer los
cientos de miles de millones de dólares que el congreso estadounidense aprobó
para comprar papel tóxico de los bancos comerciales. Sin embargo, el proceso
llevará tiempo.
Como cuando hay un incendio, lo primero a hacer es apagar el fuego. Al
hacerlo, se intenta no hacer algo que haga imposible reconstruir
posteriormente. En este intento, como propuse la semana pasada, finalmente el
secretario del tesoro Paulson concedió que está dispuesto a capitalizar bancos.
Esta es una buena noticia. No contribuye a apagar el incendio, pero ciertamente
facilitará una reconstrucción ordenada.
La disposición de Paulson es una excelente señal, además, porque se dice
que los bancos contrataron a más de 600 empresas de cabildeo para evitar que
esa fuese una solución posible. Ellos querÃan simplemente poder vender la
basura, sin tener que sacrificar capital. Sin embargo, la versión final del
TARP (siglas en inglés del “programa para el alivio de activos en problemasâ€)
pasada por el congreso el tres de octubre, incluye la posibilidad de
capitalizarlos directamente. Ojalá que los bancos fracasen en su intento de
evitarlo.
La buena noticia es que el gobierno estadounidense tiene un arsenal casi
ilimitado para combatir el fuego. Pueden seguir empapando al mercado con toda
la liquidez a su alcance pues –de frente a una recesión mundial- el peligro no
es la inflación. Habrá tanta capacidad instalada ociosa que la presión
deflacionaria será enorme.
Pero estamos al principio del proceso. Imagine usted el caso de un tipo
que decide que va a hacerse de todos los muebles para su casa utilizando
crédito. Cuando su endeudamiento revienta, tiene que hacer tres cosas. Primero,
tiene que vender los muebles que compró para hacerse de liquidez; después,
tiene que pagar el dinero que debe; finalmente, tiene que empezar a ahorrar.
Las familias estadounidenses y el sector financiero, las entidades endeudadas
dentro de la economÃa estadounidense, están en la primera de las tres fases: la
liquidación de activos.
Los indices accionarios del mundo se derrumban. En el caso de los
Estados Unidos, el Ãndice Dow Jones está casi 40% por debajo del máximo
histórico (14,164.53) alcanzado hace exactamente un año.
Los mercados financieros empiezan a reconocer que, para desapalancarse, los
estadounidenses tienen que comenzar por dejar de consumir. La baja en el
consumo afectará a la economÃa real tanto en Estados Unidos como en el resto
del mundo.
¿Pero si la crisis tiene sello de “Made in USAâ€, por qué los bancos
europeos también sufren? Lo hacen por dos motivos. Primero, porque ellos
también participaron alegremente en la “rentable†inversión en todo tipo de
activo hoy clasificado como “tóxicoâ€. Ellos tienen su buena dosis de muertos en
el clóset. Segundo, porque dependen aún más que los bancos estadounidenses de
obtener financiamiento de corto plazo en el mercado. Un banco en los Estados
Unidos presta en promedio 96 centavos por cada dólar de depósitos que tiene, un
banco europeo presta 140. Por ello, estos últimos dependen más de emisiones de
papel comercial y de otras lÃneas de crédito de corto plazo; han sido
devastados por la sequÃa.
El proceso que vivimos es traumático y equivale a lo que se vive cuando
hay una fiesta familiar en la cual todos beben de más. El marido que es violento
con la mujer, le pega; el que no quiere al papá, lo insulta; los hermanos se
dicen sus verdades y acaban, además, golpeando al primo que es un pesado. Estos
son momentos que sacan a relucir lo peor de todo mundo.
El congreso estadounidense requirió, por ejemplo, de cientos de millones
de dólares de regalitos legislativos, y de 112 mil millones de dólares de
incentivos fiscales para acceder a pasar un programa que era imprescindible que
aprobaran; pero, finalmente lo hicieron. Los europeos, sin embargo, demuestran
una vez más que no están dispuestos a jugar en equipo o a sacrificarse por el
bien del vecino.
La infantil respuesta de algunos miembros de la unión europea a la
crisis de liquidez darÃa risa si no fuese tan grave. El gobierno de Irlanda,
por ejemplo, decidió salir a garantizar en forma ilimitada todos los depósitos
bancarios. Al hacerlo, los empezaron a bañar con recursos que salieron del
sistema bancario del Reino Unido y de otros paÃses, que buscaban algún tipo de
amparo gubernamental. ¿Qué tiene de malo la generosa medida irlandesa? Que si
se viesen forzados a consolidar los depósitos bancarios a sus otras
obligaciones fiscales, la deuda pública ascenderÃa de 25% del PIB a 325%.
La insensata medida, sin embargo, forzó a otros gobiernos a tomar
acciones similares. En vez de buscar una respuesta inteligente y concertada,
cada quien hizo lo que quiso en forma, por demás, irresponsable dada la
magnitud de la crisis.
En mi opinión, la crisis actual hará que salga a relucir lo peor de la
economÃa europea. Mostrarán su falta de acuerdo, lo poco flexible que es su
sistema, y el bajo margen de maniobra que tienen. En el extremo, incluso, es
posible que esta situación ponga en riesgo a la unión monetaria, es decir, al
euro.
La situación de los distintos miembros de la unión europea es
radicalmente diferente. Aquellos paÃses con cuentas corrientes deficitarias
como España y Grecia preferirÃan un euro débil que atraiga inversión extranjera
y les ayude a financiar su situación. PaÃses como Alemania y Holanda,
superavitarios, prefieren un euro fuerte. En situaciones extremas, el euro se
puede convertir una camisa de fuerza.
En mi opinión, a pesar de las altas y ardientes llamas que vemos en los
mercados, el incendio empieza a apagarse. A no ser que el pánico y el
comportamiento irracional se apoderen de éstos, pronto se despejará el humo y
veremos qué queda.
La reconstrucción tomará mucho tiempo. Para empezar, el mercado de
bienes raÃces estadounidense -el epicentro del terremoto- tendrá que deshacerse
de más de dos millones de unidades residenciales que están a la venta, más las
que se acumulen como resultado de los embargos bancarios. Los precios de éstos
tendrán que bajar mucho más y, asà como lo vemos en los mercados de acciones y
bonos, probablemente exagerarán la baja.
El sector financiero también tendrá que contraerse. Llegó a ser más de
20% de la economÃa y eso no tiene sentido. Es como si usted compra una casa y
le dicen que el sistema de plomerÃa de ésta costó una quinta parte del costo
total, serÃa a todas luces exagerado. El sistema financiero es el equivalente.
La función de éste es distribuir recursos a donde se necesitan, en forma
eficiente; pero no “produce†nada.
Como consecuencia de la recesión, el desempleo pudiera llegar a niveles
de entre 8% y 9%, y bajará la generación de utilidades de las empresas. Si los
estimados de los analistas más pesimistas son acertados, la bolsa está
cotizando a alrededor de 14 veces utilidades de 2009. Está barata después de la
baja, pero no es un regalo. En recesiones anteriores, ha llegado a estar a 12
veces, lo cual llevarÃa el Ãndice S&P a niveles entre 750 y 800 puntos (el
jueves 9 de octubre cerró en 909).
Las monedas de paÃses emergentes se han visto afectadas por la salida de
dinero de inversionistas locales. Poco a poco recibirán el impacto también de
la abrupta suspensión de flujos provenientes del mundo desarrollado. A pesar de
que sus fundamentos económicos han mejorado dramáticamente, a corto plazo éste
será un juego de flujos para el cual los fundamentos influyen pero no definen.  Â
Como he dicho antes, después de este proceso de limpia habrá
oportunidades históricamente rentables para quienes tengan la serenidad de
tomarlas. Creo que las más evidentes se empezarán a presentar entre los mismos activos
hoy calificados como “en problemas†(“distressed securitiesâ€). La colosal
liquidación de éstos por parte de las entidades financieras urgidas de liquidez
ha desplomado sus precios a niveles irrisorios. Habrá inversionistas que harán
mucho dinero con ellos (mucho de verdad).
Este no es un momento para decisiones precipitadas, ni para salir ni
para entrar. Es tarde para lo primero, lo segundo puede equipararse con el
riesgo de intentar cachar un cuchillo en caÃda libre; si el cálculo falla, éste
nos atravesará la mano.
Estamos en el momento de capitulación dentro del ciclo. El momento más
oscuro de la noche es justo antes de que amanezca.
[1] Un individuo tiene, por ejemplo, una casa que vale 100 mil dólares. Va con el banco y le pide que le dé acceso a diez mil dólares en el momento en que lo requiera. El banco analiza el crédito del individuo y su colateral para que en el momento en el que éste lo decida, le da acceso parcial o total al crédito.
[2] Papel de deuda sin garantÃa especÃfica que los bancos y las empresas tÃpicamente emiten a plazos inferiores a nueve meses, para cubrir necesidades inmediatas. En Estados Unidos –en condiciones normales- circulan un par de billones (millones de millones) de dólares de Papel Comercial en todo momento.
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