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Uno de los inventos que más rápidamente se han incorporado al uso cotidiano de la gente es el GPS. Estos localizadores satelitales ofrecen algo tan básico que es extraordinariamente útil: nos dan perspectiva. Si uno ve todo desde el punto de vista de quien está parado en la calle, es imposible saber si detrás del edificio frente al que uno está, se encuentra el mar, un parque, una carretera u otro edificio. Al ver las cosas desde arriba, se adquiere perspectiva.
Cuando analizamos a la economÃa o a los mercados, requerimos igualmente de perspectiva. Pero no me refiero a pronosticar si la tendencia del mercado a corto plazo será al alza o a la baja, eso es imposible saberlo. Lo que sà podemos definir es si el entorno en general es o no normal, y si no lo es, cómo se reflejara en el comportamiento de los mercados. Necesitamos saber cómo es este momento en términos relativos a otros en la historia.
¿Es normal la crisis actual? ¿Hay variables que estén realmente en niveles extraordinarios, aún tomando perspectiva histórica?
En mi opinión, hay una variable que está a todas luces fuera de lo normal: el endeudamiento en el paÃs dominante en el planeta.
En un interesante artÃculo publicado el 20 de julio en el New York Times (Gretchen Morgenson, “Given a Shovel, Digging Deeper Into Debtâ€), se hace un profundo análisis sobre cómo ha evolucionado la deuda entre las familias estadounidenses. Algunos datos son escalofriantes.
Sin duda, la sociedad estadounidense evolucionó (si esa es la palabra) de una frugal ética protestante en la que se trabajaba duro y se guardaba parte del fruto para momentos de vacas flacas, a ser una sociedad consumista donde si no tengo para comprar algo hoy, lo adquiero y lo pago después.
Los estadounidenses acumulan 2.56 billones (millones de millones) de dólares en deuda que ha sido contraÃda para consumir. En promedio, cada familia debe 8.565 dólares en sus tarjetas (22 veces más de lo que debÃa en el año 2000). La deuda utilizada para pagar estudios universitarios también se ha duplicado desde 1995 y, en promedio, un estudiante sale de la universidad debiendo veinte mil dólares.
Para simplemente pagar el costo de la deuda que tienen en tarjetas de crédito, tienen que reservar casi 15% de su ingreso disponible.
Se dice que se subestima el nivel real de ahorro de los estadounidenses pues, en efecto, una parte relevante de la deuda proviene de pagar por estudios universitarios. En estricto sentido, esa es una inversión en un activo intangible -en capital humano- que habrá de rendir fruto a lo largo de la vida profesional del estudiante. Pero, por ahora, veamos los números frÃos.
Un paÃs que ahorraba ocho por ciento de su ingreso disponible en 1968, ahora ahorra 0,4% (de acuerdo con la Oficina de Análisis Económico del gobierno).
¿Quiere más escalofrÃos? La familia promedio tiene 13 tarjetas de crédito y tiene una deuda total, incluyendo hipotecas, automóviles y tarjetas, de 117,951 dólares.
 ¿Nos preguntamos qué puede salir mal? Que no puedan pagar lo que deben.
Esto presenta toda suerte de problemas; el más evidente, para el sistema bancario mundial.
De acuerdo a la misma publicación antes citada, Capital One –un banco que ha desarrollado una fuerte franquicia en el negocio de tarjetas de crédito- carga tasas de hasta 28% sobre los saldos de éstas. No sorprende, entonces, que el ingreso que el banco genera por este tipo de concepto haya crecido a una tasa compuesta de 25% cada año desde 2002.
Ahora, no sólo tendrán que crear enormes provisiones para la cartera vencida de tarjetas de crédito que crece dÃa con dÃa; adicionalmente, el número de posibles tarjetahabientes se reducirá radicalmente, conforme su récord de crédito haga imposible prestarles, aun a costos altos.
El siguiente nivel de problema proviene de la escandalosa descapitalización de los bancos.
Recordemos que cuando hablamos del impacto que va a tener en los bancos que la gente deje de pagar tarjetas de crédito, créditos automotrices, créditos a estudiantes, etcétera, éste ocurrirá en los próximos meses y golpeará a bancos cuyos cimientos han sido vapuleados por la llamada crisis “subprime†y por un huracán hipotecario que se seguirá deteriorando conforme los precios de los inmuebles sigan bajando.
Tanto para el mercado hipotecario como para todos los otros mercados de crédito, un funesto presagio proviene del acelerado crecimiento en el desempleo. En esta semana, por poner un ejemplo, la aerolÃnea United anunció el despido de siete mil empleados, y el banco Wachovia de más de seis mil.
Docenas de empresas similares están en el mismo camino. Conforme la gente permanezca sin trabajo, los nuevos desempleados irán perdiendo capacidad de pagar lo que deben.
Es un hecho que los bancos –principalmente los más grandes- han descontado agresivamente activos que tienen en su balance, asumiendo que no van a cobrar deuda que probablemente acabarán recuperando, aunque sea con algún castigo.
Creo, sin embargo, que los bancos pequeños y los regionales no sólo no han reservado con el mismo criterio, sino que además tienen altÃsimos niveles de exposición a hipotecas emitidas en su región, por lo cual se quedarán sin capital más temprano que tarde.
Pienso que habrá centenares de quiebras entre éstos, y que la ausencia del tipo de crédito que esta categorÃa de banco otorga para adquisición de vivienda en esas regiones, dificultará la recuperación de los precios de los inmuebles, exacerbando el problema para todos.
Otra fuente importante de problemas es el riesgo de litigio.
El estado de Nueva York demanda a UBS y, simultáneamente, los reguladores tejanos amenazan con quitarles la licencia para funcionar en ese estado; todo por el problema con “Auction Rate Securities†del cual he hablado en escritos pasados. Por el mismo tema, bancos como Wachovia, Bank of America, Wells Fargo y Royal Bank of Canada sufren por demandas colectivas que se han presentado en diferentes estados.
El costo en abogados y la distracción que éstas presentan, lejos de ser simplemente una molestia, tendrán un costo considerable.
El gobierno federal anunció que estima un costo de 25 mil millones de dólares por el posible rescate de Fannie Mae y Freddie Mac.
Creo que esa cifra es extraordinariamente conservadora. Según un editorial del diario inglés Financial Times de julio 25 (“Fannie and Fredie, One way or another, American taxpayers will loseâ€), de darse el rescate, es previsible un costo cercano a 100 mil millones de dólares. Aun ese pronóstico es optimista, si consideramos que la cartera de crédito de ambas instituciones rebasa los cinco billones (millones de millones) de dólares.
Si acumulamos al costo anterior todos los costos que prevendrán del rescate de bancos, el efecto fiscal va a ser relevante.
Si, adicionalmente, consideramos la fuerte caÃda que va a haber en ingresos fiscales –tanto federales como municipales- como consecuencia de una menor actividad económica y de menores ingresos prediales como resultado de inmuebles con valuaciones más bajas, el déficit gubernamental va a ser colosal.
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